MARUJA DEL ALMA



Del beato Bartolomé Blanco Márquez, cooperador salesiano. Carta de un mártir a su novia antes de ser fusilado Que escribió Bartolomé Blanco Márquez, cooperador salesiano,beatificado el 28 de octubre, escrita desde la prisión de Jaén el día antes de ser fusilado. Ha sido publicada en el «Summarium super martyrio» de su causa de beatificación (páginas 427-428). Nacido en Pozoblanco (Córdoba) en 1914, Bartolomé Banco fue arrestado como dirigente católico (era secretario de los Jóvenes de Acción Católica y delegado de los Sindicatos Católicos) el 18 de agosto de 1936. Fue fusilado el 2 de octubre de 1936 mientras gritaba «¡Viva Cristo Rey!». Tenía 21 años. Ciudad del Vaticano, 4 de febrero de 2007. Prisión Provincial. Jaén, 1 de octubre de 1936.


Maruja del alma:


Tu recuerdo me acompañará a la tumba y mientras haya un latido en mi corazón, éste palpitará en cariño hacia ti. Dios ha querido sublimar estos afectos terrenales, ennobleciéndolos cuando los amamos en Él. Por eso, aunque en mis últimos días Dios es mi lumbrera y mi anhelo, no impide que el recuerdo de la persona más querida me acompañe hasta la hora de la muerte. Estoy asistido por muchos sacerdotes que, cual bálsamo benéfico, van derramando los tesoros de la Gracia dentro de mi alma, fortificándola; miro la muerte de cara y en verdad te digo que ni me asusta ni la temo. Mi sentencia en el tribunal de los hombres será mi mayor defensa ante el Tribunal de Dios; ellos, al querer denigrarme, me han ennoblecido; al querer sentenciarme, me han absuelto, y al intentar perderme, me han salvado. ¿Me entiendes? ¡Claro está! Puesto que al matarme me dan la verdadera vida y al condenarme por defender siempre los altos ideales de Religión, Patria y Familia, me abren de par en par las puertas de los cielos. Mis restos serán inhumados en un nicho de este cementerio de Jaén; cuando me quedan pocas horas para el definitivo reposo, sólo quiero pedirte una cosa: que en recuerdo del amor que nos tuvimos, y que en este instante se acrecienta, atiendas como objetivo principal a la salvación de tu alma, porque de esa manera conseguiremos reunirnos en el cielo para toda la eternidad, donde nada nos separará. ¡Hasta entonces, pues, Maruja de mi alma! No olvides que desde el cielo te miro, y procura ser modelo de mujeres cristianas, pues al final de la partida, de nada sirven los bienes y goces terrenales, si no acertamos a salvar el alma. Un pensamiento de reconocimiento para toda tu familia, y para ti todo mi amor sublimado en las horas de la muerte. No me olvides, Maruja mía, y que mi recuerdo te sirva siempre para tener presente que existe otra vida mejor, y que el conseguirla debe ser la máxima aspiración. Sé fuerte y rehace tu vida, eres joven y buena, y tendrás la ayuda de Dios que yo imploraré desde su Reino. Hasta la eternidad, pues, donde continuaremos amándonos por los siglos de los siglos.

CON EL PAPA



NOVEDADES DE INTERNET


Día a día con el Papa Ahora es más fácil conocer con más detalle los actos presididos por el Santo Padre. Recientemente, la Prefectura de la Casa Pontificia ha puesto a disposición del público en Internet la información actualizada de las actividades del Papa. También desde esta página pueden adquirirse los boletos para las audiencias. Para mayor información: Prefectura de la Casa Pontificia
¡A PEDRO, CON JESÚS Y MARÍA!

GARABANDAL IV: LAS NIÑAS VIDENTES

OTRO VIDEO EN EXCLUSIVA, ESTA VEZ TENEMOS DECLARACIONES POR 1ª VEZ DESDE LAS APARICIONES DE JACINTA, LA NIÑA VIDENTE.

GARABANDAL III

VIDEO TESTIMONIO, EN EXCLUSIVA, PARA VIDA SOBRENATURAL DE UNOS PEREGRINOS SOBRE LA INVESTIGACION DE GARABANDAL, ¿VERDAD O MENTIRA? . ¡NO TENGAIS MIEDO!, DEJEN SUS OPINIONES AQUI O EN vidasobrenatural@orange.es

PROTESTANTE Y CATÓLICO

El Padre Roger Schutz fue las dos cosas. Se adhirió a la Iglesia de Roma permaneciendo pastor calvinista. Wojtyla y Ratzinger le dieron la comunión. El cardenal Kasper explica cómo y por qué. En una entrevista publicada en “L’Osservatore Romano” el día de la Asunción de la Virgen María, el cardenal Walter Kasper, presidente del pontificio consejo para la promoción de la unidad de los cristianos, ha resuelto un enigma relacionado al fundador de la comunidad ecuménica multiconfesional de Taizé, el padre Roger Schutz. El enigma se refería a la relación de Schutz con la Iglesia católica. Schutz era pastor protestante, de tradición reformada y de matriz calvinista. Después de su muerte – ocurrida a la edad de 90 años a manos de una desequilibrada el 16 de agosto del 2005, durante la plegaria de la noche en presencia de 2500 fieles – la comunidad de Taizé desmintió que él se hubiese convertido al catolicismo de manera secreta. Pero como respaldando conversión había diferentes factores: Schutz había recibido varias veces la comunión eucarística de mano de Juan Pablo II; comulgaba cada mañana en la iglesia de Taizé, en la misa celebrada en rito católico; y en fin, el mismo cardenal Joseph Ratzinger le había dado la comunión, en la plaza San Pedro, en la misa de los funerales del Papa Karol Wojtyla. Hecho Papa, con el nombre de Benedicto XVI, Ratzinger comentó con palabras sentidas – el 19 de agosto del 2005 en Colonia, reunido con representantes de las Iglesias y comunidades cristianas no católicas – la muerte de Schutz ocurrida tres días antes en Taizé. Lo señaló como ejemplo luminoso de “ecumenismo interior y espiritual”, hecho sobre todo de oración. Recordó haber tenido con él “una relación cordial de amistad” y haber recibido precisamente en el día de su muerte una carta suya de adhesión a él como Papa. Benedicto XVI también mantiene una excelente relación con el sucesor de Schutz, el Hermano Alois Leser, 54 años, alemán, católico. Lo recibe en audiencia privada al menos una vez al año. La firma del Hermano Alois aparece frecuentemente en “L’Osservatore Romano”, cuyo director, Giovanni Maria Vian, es también desde hace muchos años un gran estimador de la comunidad de Taizé. 'Pero cómo es que Kasper resuelve el enigma? Él niega que el Padre Schutz se haya “formalmente” adherido a la Iglesia católica. Menos aún que haya abandonado el protestantismo en el cual nació. Afirma en cambio que él “enriqueció” progresivamente su fe con los baluartes de la fe católica, en particular el rol de María en la historia de la salvación, la presencia real de Cristo en la eucaristía y el “misterio de la unidad ejercitado por el obispo de Roma”. En respuesta a esto, la Iglesia católica aceptó que él comulgase. Según las palabras de Kasper, es como si entre Schutz y la Iglesia de Roma hubiera existido un pacto no escrito, “yendo más allá de ciertos límites confesionales” y canónicos. Dejemos al cardenal la explicación precisa del ecumenismo “espiritual” representado por el padre Schutz. El cual, una vez dijo de sí mismo: “He encontrado mi identidad de cristiano reconciliando en mí mismo la fe de mis orígenes con el misterio de la fe católica, sin ruptura de comunión con ninguno”.

Aquí el texto completo de la entrevista, publicada en "L'Osservatore Romano" del 15 de agosto del 2008: Roger Schutz, el monje símbolo del ecumenismo espiritual Entrevista con Walter Kasper

D. – Han pasado tres años desde el fallecimiento trágico del hermano Roger, el fundador de Taizé. Usted mismo fue a presidir sus exequias. 'Quién era para usted?

R. – Su muerte me conmocionó mucho. Estaba en Colonia por la Jornada Mundial de de Juventud cuando nos enteramos del fallecimiento del hermano Roger, víctima de un acto violento. Su muerte me recordaba las palabras del profeta Isaías sobre el Servidor del Señor: «Maltratado, se humilla, no abre la boca, como un cordero llevado al matadero, como una oveja ante los que la esquilan» (Is. 53,7). Durante toda su vida, el hermano Roger siguió el camino del Cordero: por su dulzura y su humildad, por su rechazo a todo acto de grandeza, por su decisión de no hablar mal de nadie, por su deseo de llevar en su propio corazón el dolor y las esperanzas de la humanidad. Pocas personas de nuestra generación han encarnado con tanta transparencia el rostro humilde de Jesucristo. En una época turbulenta para la Iglesia y para la fe cristiana, el hermano Roger era una fuente de esperanza reconocida por muchos, incluido yo mismo. Como profesor de teología y después como Obispo de Rottenburg-Stuttgart, siempre animé a los jóvenes a pasar unos días en Taizé durante el verano. Veía cómo esa estancia cerca del hermano Roger y de la Comunidad les ayudaba a conocer mejor y a vivir la Palabra de Dios, con alegría y simplicidad. Todo esto lo sentí más cuando presidí la liturgia de su funeral en la gran iglesia de la Reconciliación en Taizé.

D. – 'Cuál es, bajo su punto de vista, la contribución propia del hermano Roger y de la Comunidad de Taizé al ecumenismo?

R. – La unidad de los cristianos era verdaderamente uno de los deseos más profundos del prior de Taizé, igual que la división de los cristianos fue para él una auténtica fuente de dolor y de tristeza. El hermano Roger era un hombre de comunión, que no llevaba bien ninguna forma de antagonismo o de rivalidad entre personas o comunidades. Cuando hablaba de la unidad de los cristianos y de sus encuentros con representantes de diferentes tradiciones cristianas, su mirada y su voz mostraban con qué intensidad de caridad y de esperanza deseaba que “todos sean uno”. La búsqueda de la unidad era para él como un hilo conductor hasta las decisiones más concretas de cada día: acoger con alegría toda acción que pueda acercar a los cristianos de tradiciones distintas, evitar toda palabra o gesto que pudiera retrasar su reconciliación. Practicaba este discernimiento con una atención que rozaba la meticulosidad. En esta búsqueda de la unidad, sin embargo, el hermano Roger no tenía prisa ni estaba nervioso. Conocía la paciencia de Dios en la historia de la salvación y la historia de la Iglesia. Nunca hubiera realizado actos inaceptables para las Iglesias, nunca hubiera invitado a los jóvenes a separarse de sus pastores. Más que el desarrollo rápido del movimiento ecuménico, buscaba su profundidad. Estaba convencido que sólo un ecumenismo alimentado por la palabra de Dios, la celebración de la Eucaristía, la oración y la contemplación sería capaz de reunir a los cristianos en la unidad deseada por Jesús. En este ámbito del ecumenismo espiritual es donde me gustaría colocar la importante contribución del hermano Roger y de la Comunidad de Taizé.

D. – El hermano Roger describió a menudo su evolución ecuménica como una « reconciliación interior de la fe de sus orígenes con el misterio de la fe católica, sin ruptura de comunión con nadie » Ese recorrido no se enmarca en las categorías habituales. Tras su muerte, la comunidad de Taizé ha desmentido los rumores de una conversión secreta al catolicismo. Esos rumores nacieron, entre otras cosas, porque se le vio comulgar a manos del Cardenal Ratzinger durante las exequias del Papa Juan Pablo II. 'Qué le parece la afirmación según la cual el hermano Roger se habría vuelto “formalmente” católico?

R. – Viniendo de una familia protestante, el hermano Roger había realizado estudios de teología y se había ordenado pastor en esta misma tradición protestante. Cuando hablaba de la «fe de sus orígenes» se refería a ese bello conjunto de catequesis, devoción, formación teológica y testimonio cristiano recibidos en la tradición protestante. Compartía ese patrimonio con todos sus hermanos y hermanas de adhesión protestante, con los que siempre se ha sentido profundamente unido. Desde sus primeros años de pastor, sin embargo, el hermano Roger buscó igualmente alimentar su fe y su vida espiritual con las fuentes de otras tradiciones cristianas, cruzando así ciertos límites confesionales. Decía ya mucho de esta búsqueda su deseo de seguir una vocación monástica y fundar, con esta intención, una nueva comunidad monástica con Cristianos de la Reforma. A lo largo de los años, la fe del prior de Taizé se fue enriqueciendo progresivamente del patrimonio de fe de la Iglesia Católica. Según su propio testimonio, entendía algunos aspectos de la fe mediante el misterio de la fe católica, como el papel de la Virgen María en la historia de la salvación, la presencia real de Cristo en los dones eucarísticos y el ministerio apostólico en la Iglesia, incluido el ministerio de unidad ejercido por el Obispo de Roma. Como respuesta, la Iglesia Católica había aceptado que comulgara en la eucaristía, como hacía cada mañana en la gran iglesia de Taizé. Igualmente, el hermano Roger recibió la comunión en múltiples ocasiones de manos del Papa Juan Pablo II, al que le unía una amistad desde los tiempos del Concilio Vaticano II, y que conocía bien su evolución en la fe católica. En este sentido no había nada secreto o escondido en la actitud de la Iglesia Católica, ni en Taizé ni en Roma. En el momento de los funerales del Papa Juan Pablo II, el Cardenal Ratzinger no hizo más que repetir lo que ya se hacía antes en la Basílica de San Pedro en la época del difunto Papa. No había nada nuevo o premeditado en el gesto del Cardenal. En una alocución al Papa Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro, durante el Encuentro Europeo de Jóvenes en Roma de 1980, el prior de Taizé describió su propia evolución y su identidad de cristiano con estas palabras: «Encontré mi propia identidad cristiana reconciliando en mi mismo la fe de mis orígenes con el misterio de la fe católica, sin ruptura de comunión con nadie». En efecto, el hermano Roger nunca había querido romper con «nadie», por razones que estaban esencialmente ligadas a su propio deseo de unión y a la vocación ecuménica de la Comunidad de Taizé. Por esta razón, prefería no utilizar ciertos términos como «conversión» o adhesión «formal» para calificar su comunión con la Iglesia Católica. En su conciencia, había entrado en el misterio de la fe católica como alguien que crece, sin deber «abandonar» o «romper» con lo que había recibido o vivido antes. Se podría hablar mucho del sentido de ciertos términos teológicos o canónicos. Sin embargo, por respeto a la evolución en la fe del hermano Roger, sería preferible no aplicar a su persona categorías que él mismo juzgaba inapropiadas para su experiencia y que además la Iglesia Católica no ha querido nunca imponerle. Incluso en esto, las palabras del propio hermano Roger deberían bastarnos.

D. – 'Ve usted vínculos entre la vocación ecuménica de Taizé y el peregrinaje de decenas de miles de jóvenes a ese pequeño pueblo de Borgoña? En su opinión, 'son los jóvenes sensibles a la unidad visible de los cristianos?

R. – En mi opinión, el hecho de que cada año miles de jóvenes encuentren todavía el camino a la pequeña colina de Taizé es verdaderamente un don del Espíritu Santo a la Iglesia de hoy. Para muchos de ellos, Taizé representa el primer y principal lugar donde pueden encontrar jóvenes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales. Me siento feliz de ver que los jóvenes que llenan cada verano las tiendas y las carpas de Taizé vienen de distintos países de Europa occidental y oriental, algunos de otros continentes, que pertenecen a diferentes comunidades de tradición protestante, católica u ortodoxa y que vienen a menudo acompañados por sus propios sacerdotes o pastores. Muchos de los jóvenes que llegan a Taizé vienen de países que han conocido la guerra civil o violentos conflictos internos, con frecuencia en un pasado todavía reciente. Otros vienen de regiones que han sufrido durante varias décadas el yugo de una ideología materialista. Además hay otros, quizá la mayoría, que viven en sociedades profundamente marcadas por la secularización y la indiferencia religiosa. En Taizé, durante los momentos de oración y de reflexión bíblica, redescubren el don de comunión y de amistad que solamente el Evangelio de Jesucristo puede ofrecer. Escuchando la Palabra de Dios, descubren también la riqueza única que les fue dada por el sacramento del bautismo. Sí, creo que muchos jóvenes se dan cuenta del verdadero desafío de la unidad de los cristianos. Saben cuánto puede pesar todavía la carga de las divisiones sobre el testimonio de los cristianos y sobre la construcción de una nueva sociedad. En Taizé encuentran una «parábola de comunidad» que ayuda a superar las fracturas del pasado y a mirar un futuro de comunión y de amistad. De vuelta a casa, esta experiencia les ayuda a crear grupos de oración y de encuentro en su propio contexto de vida, para alimentar ese deseo de unidad.

D. – Antes de presidir el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, ha sido Obispo de Rottenburg-Stuttgart y, como tal, acogió en 1996 un Encuentro Europeo de Jóvenes organizado por la Comunidad de Taizé. 'Qué aportan estos encuentros de jóvenes a la vida de las Iglesias?

R. – Ese encuentro fue, efectivamente, un momento de gran alegría y profundidad espiritual para la Diócesis y sobre todo para las parroquias que acogieron a los jóvenes provenientes de diferentes países. Estos encuentros me parecen tremendamente importantes para la vida de la Iglesia. Muchos jóvenes, como le decía, viven en sociedades secularizadas. Les resulta difícil encontrar compañeros de camino en la fe y la vida cristiana. Son pocos los espacios para profundizar y celebrar la fe, con alegría y serenidad. Las Iglesias locales tienen a veces dificultades para acompañarles adecuadamente en su crecimiento espiritual. Por ello, los grandes encuentros como los organizados por la Comunidad de Taizé responden a una verdadera necesidad pastoral. Es cierto que la vida cristiana tiene necesidad de silencio y de soledad, como decía Jesús «Cierra la puerta y dirige la oración a tu Padre, que habita en lo secreto» (Mt 6,6). Pero también tiene necesidad de compartir, de encuentro, de intercambio. La vida cristiana no se vive en aislamiento, al contrario. A través del bautismo, pertenecemos al mismo y único cuerpo de Cristo resucitado. El Espíritu es el alma y el aliento que anima ese cuerpo, que le hace crecer en santidad. Por otra parte, los Evangelios hablan con frecuencia de una gran multitud que venía, a menudo, desde muy lejos para ver y escuchar a Jesús y para ser curados por él. Hoy los grandes encuentros se inscriben en esta misma dinámica. Permiten a los jóvenes comprender mejor el misterio de la Iglesia como comunión, escuchar juntos la palabra de Jesús y confiar en él.

D. – El Papa Juan XXIII denominó a Taizé como una «pequeña primavera». Por su parte, el hermano Roger decía que el Papa Juan XXIII era el hombre que más le había marcado. En su opinión, 'por qué el Papa que tuvo la intuición del Concilio Vaticano II y el fundador de Taizé se apreciaban tanto?

R. – Cada vez que me encontraba con el hermano Roger, me hablaba mucho de su amistad con el Papa Juan XXIII primero, y después con el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II. Me contaba, siempre con gratitud y con una gran alegría, los numerosos encuentros y conversaciones que había tenido con ellos a lo largo de los años. Por un lado, el prior de Taizé se sentía muy cercano de los Obispos de Roma en su preocupación por conducir la Iglesia de Cristo por las vías de la renovación espiritual, de la unidad de los cristianos, del servicio a los pobres, del testimonio del Evangelio. Por el otro, se sentía profundamente comprendido y apoyado por ellos en su propio desarrollo espiritual y en la orientación que tomaba la joven Comunidad de Taizé. La conciencia de actuar en armonía con el pensamiento del Obispo de Roma era para él como una brújula en todas sus acciones. Nunca hubiera tomado una iniciativa que supiera que sería contraria al criterio o a la voluntad del Obispo de Roma. Además, la misma relación de confianza continúa hoy con el Papa Benedicto XVI que pronunció palabras muy emotivas por la muerte del fundador de Taizé, y que recibe cada año al hermano Alois en audiencia privada. 'De donde venía esa estima recíproca entre el hermano Roger y los Obispos sucesivos de Roma? Sin duda, tiene su raíz en lo humano, en las ricas personalidades de estos hombres. En definitiva, diría que viene del Espíritu Santo que es coherente en lo que inspira en el mismo momento a diferentes personas, por el bien de la Iglesia única de Cristo. Cuando habla el Espíritu Santo, todos comprenden el mismo mensaje, cada uno en su propia lengua. El verdadero artesano de la comprensión y de la fraternidad entre discípulos de Cristo es él, el Espíritu de comunión.

D. – Usted conoce bien al hermano Alois, el sucesor del hermano Roger. 'Cómo ve el futuro de la comunidad de Taizé?

R. – Aunque nos habíamos encontrado anteriormente, fue sobre todo después de la muerte del hermano Roger que he aprendido a conocer mejor al hermano Alois. Unos años antes, el hermano Roger me había confiado que todo estaba previsto para su sucesión el día que fuera necesario. Él estaba feliz con la perspectiva de que el hermano Alois tomara el relevo. 'Quién habría podido imaginar que esta sucesión iba a tener que hacerse en una sola noche, tras un inconcebible acto de violencia? Lo que me sorprende desde entonces es la absoluta continuidad en la vida de la Comunidad de Taizé y en la acogida a los jóvenes. La liturgia, la oración y la hospitalidad continúan con el mismo espíritu, como un canto que nunca se ha interrumpido. Lo que dice mucho, no solamente de la persona del nuevo prior sino también, y sobre todo, de la madurez humana y espiritual de toda la Comunidad de Taizé. La que ha heredado el carisma del hermano Roger es la Comunidad en su conjunto, que sigue viviéndolo e irradiándolo. Conociendo a las personas, tengo plena confianza en el futuro de la Comunidad de Taizé y en su compromiso con la unidad de los cristianos. Esta confianza me viene igualmente del Espíritu Santo, que no suscita carismas para abandonarlos a la primera ocasión. El Espíritu de Dios, que es siempre nuevo, trabaja en la continuidad de una vocación y de una misión. Él es el que va a ayudar a la Comunidad a desarrollar su vocación, en fidelidad al ejemplo que el hermano Roger le dejó. Las generaciones pasan, el carisma permanece, porque es don y obra del Espíritu. Me gustaría terminar repitiendo al hermano Alois y a toda la Comunidad de Taizé mi gran estima por su amistad, su vida de oración y su deseo de unidad. Gracias a ellos, el dulce rostro del hermano Roger nos sigue siendo familiar.

EL PAPA DE LA SONRISA

En la tarde del sábado 26 de agosto de 1978 el entonces cardenal Albino Luciani, patriarca de Venecia, era elegido Papa, en el segundo día de cónclave. Sucedía a Pablo VI, a Pablo VI y a Juan XXIII. Y sobre estos dos nombres y sus nombres y sus significados recientes –la sabiduría del corazón del segundo y la sabiduría de la inteligencia del primero- eligió su nombre papal, el primer nombre compuesto de la historia del pontificado romano.
El Papa Luciani, el Papa Juan Pablo I, fue el Papa efímero, el Papa sencillo, el Papa catequista, el Papa de la sonrisa. Con estas “armas” se llenó el corazón de la catolicidad en apenas treinta y tres días. Ahora evocamos su figura con dos poemas que entonces compuso monseñor Alberto Iniesta Jiménez, obispo auxiliar de Madrid. El primero lo escribió el 3 de septiembre, el día del comienzo oficial de su ministerio apostólico petrino; el segundo, el 29 de septiembre, tras su muerte repentina, que tanto nos entristeció a todos.)
Este martes, se celebra el Trigésimo aniversario de la elección al Pontificado de Juan Pablo I, cardenal Albino Luciani. Para recordar esta fecha los Obispos de la región del Triveneto, en la Iglesia del Canal de Agordo, localidad del nacimiento del Pontífice, concelebran la Santa Misa presidida por el cardenal Angelo Scola, Patriarca de Venecia. Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912, en una pequeña localidad italiana llamada entonces, Forno di Canale, en la provincia de Belluno, siendo el mayor de cuatro hermanos. A los 10 años, y después de haber vivido en la pobreza durante la I Guerra Mundial su madre murió y su padre contrajo nuevas nupcias con una mujer de gran devoción; fue entonces cuando nació su vocación sacerdotal, según él declaró, gracias a la predicación de un fraile capuchino. En 1933, ingresó en el seminario menor de la localidad de Feltre, aunque luego pasó al seminario mayor de Belluno, donde fue ordenado en 1935. Tras su ordenación se trasladó a Roma, donde cursó sus estudios teológicos en la universidad Gregoriana. Al terminar los estudios regresó a su localidad natal; allí comenzó su labor pastoral como párroco. Antes de convertirse en el "Papa de la sonrisa" (como sería conocido), ocupó importantes cargos y distinciones: vicerrector del seminario de Belluno, y vicario general de la diócesis de Belluno, por 11 años. En 1958, el Papa Juan XXIII lo consagra obispo de la sede de Vittorio Veneto y en 1969 fue nombrado Patriarca de Venecia, y creado cardenal en 1973, hasta que el 26 de agosto de 1978 fue elegido Sumo Pontífice. Fue el primer Papa con dos nombres, gesto con el que pretendía honrar a sus dos predecesores: Juan XXIII y Pablo VI. Papa Luciani eligió como lema de su Pontificado la expresión latina Humilitas (humildad), lo que se reflejó en su polémico rechazo de la coronación y de la Tiara papal en la ceremonia de entronización, en contra de lo prescrito por la Constitución Apostólica de Pablo VI. Como Papa, Juan Pablo I estableció un ambiente de optimismo y reformas, que nunca llegaría a avanzar más allá de las propuestas. Murió 33 días después, el 28 de septiembre de 1978.

CONVERSIONES



El mundialmente famoso cardenal John Henry Newman, muerto en 1891, que era una celebridad de la religión anglicana y se convirtió al catolicismo a los 44 años, sería proclamado beato por el Papa en noviembre. Pero ha estallado una polémica escandalosa para el Vaticano, que quiere sacarlo de la tumba donde está hace más de un siglo junto a su compañero de vida, para trasladarlo a un sarcófago en el Oratorio de Birmingham. Los gays protestan en Gran Bretaña y comienzan a movilizarse en Europa. "Siento que tenemos ya nuestro santo", dijo un católico homosexual a Clarín ayer en Roma. Un dirigente gay británico acusó a la Iglesia de "vandalismo moral digno de los violadores de tumbas", porque el cardenal Newman antes de morir expresó su "máximo deseo" de ser enterrado junto al féretro con los restos del reverendo Ambrose St. John. Cuando St. John murió en 1875, el acongojado Newman parangonó el dolor de la pérdida de su compañero de toda la vida con el que "prueba el marido por su mujer y la mujer por su marido".
El controvertido dirigente gay británico Peter Thatchell dijo que las palabras prueban que la relación entre ambos era homosexual. "Han estado juntos bajo tierra durante más de cien años y el Vaticano quiere disturbar su paz para cubrir el hecho de que el cardenal amaba a otro hombre". Poco antes de morir, Newman escribió para insistir que "deseo con todo mi corazón ser sepultado en la tumba de Ambrose St John y doy esta como mi última e imperativa voluntad". Ambos están en el pequeño cementerio de Rednal Hill, en Birmingham. Austin Ivereigh, ex consejero del cardenal Cormac Murphy O'Connor, primado católico de Inglaterra, fue el encargado de desmentir a Thatchell y al agitado mundo gay británico. "Los restos serán trasladados a un sarcófago como medida dentro del proceso de canonización: se elige un lugar donde los fieles puedan venerarlo". Según Ivereigh son también exageradas las especulaciones acerca de la homosexualidad. "El parangón con el amor entre cónyuges no significa que hubiera una convivencia matrimonial entre gays con el reverendo St. John", dijo. "En el período victoriano las relaciones intensas y apasionadas pero castas entre gente de cultura eran muy comunes". El gobierno británico autorizó hace unos días el traslado de los restos de cara a la beatificación. Newman nació en 1801 y está considerado uno de los grandes teólogos cristianos de los últimos dos siglos. El 12 de mayo de 1879, el Papa León XIII lo "creó" cardenal por sus extraordinarios méritos en el campo de las reflexiones teológicas (video sobre su vida en www.clarin.com). El sarcófago de mármol ya colocado en el Oratorio San Filippo Neri de Birmingham, recibirá los restos del futuro santo católico cuando Benedicto XVI lo proclame beato. Para que el Papa firme la beatificación probablemente en noviembre, es necesario incluir un milagro atribuido, que ya fue votado por una comisión.