EL SEMINARISTA

IDEARIO DE SANTIDAD DEL SEMINARISTA | Mons. Arturo A. Szymanski Ramírez




PRESENTACIÓN


Este Ideario que tienes en tus manos creo puede ser considerado como una manifestación del cariño de quien lo escribe (Mons. Arturo A. Szymanski Ramírez), hacia los llamados por el Señor a ser guías de su Pueblo Santo en nuestra Nación. Tómenlo ellos como un apoyo dado por un pastor experimentado que, a sus sesenta años de ordenación presbiteral (22 de marzo de 2007), en pocas líneas plasma el sentir de su corazón para quienes como él han sido escogidos por el Señor para su servicio ministerial.

INTRODUCCIÓN

La formación sacerdotal que se ofrece en los seminarios va encaminada a preparar a los jóvenes que, descubriendo el llamado de Dios, desean responder a Él para llegar a ser un día “pastores” de su pueblo. La Sagrada Escritura afirma que el sacerdote es “un hombre tomado de entre los hombres y constituido a favor de los hombres” (Hbr 1,5). Por lo cual quien es “tomado de entre los hombres” para este fin, necesita prepararse en todas las dimensiones, de modo que alcance una formación “integral” (es decir “completa” ) y así pueda llegar en el futuro, a ser capaz de estar al frente de una comunidad como pastor.
Querido joven, al ofrecerte estas breves líneas que quieren ser un “Ideario de santidad para el seminarista”, espero y deseo te ayuden como un sencillo medio en tu camino, para lograr lo que tú quieres: ser un “buen pastor”.
+ José Luís Amezcua Melgoza
Obispo de Colima
Responsable de la Dimensión “Seminarios” en la
Comisión Episcopal para Vocaciones y Ministerios.

+ José Trinidad González Rodríguez
Obispo Auxiliar de Guadalajara
Presidente de la Comisión Diocesana de Causas de Canonización, en Guadalajara

¿QUIÉN SOY Y QUÉ QUIERO?

Soy consciente de ser una criatura limitada que desea entregarse a Dios para amarlo sobre todas las cosas siendo su ministro.
Debo tener claro que el que ingresa al Seminario entra a una vida muy especial que no es como la que llevaba antes.
Como la vida del seminarista va a cambiar éste debe lograr, en primer lugar, conocer si es capaz de ir adquiriendo todas las cualidades requeridas para “ser Sacerdote”.
Tú, has de tener claro si Dios te llama al ministerio presbiteral o únicamente a ser un buen cristiano. No hay un “tertium quid” (otra tercera opción). Eso quizá llevará tiempo y necesitará consejo y oración profunda.
Desde tu ingreso al Seminario deberás tratar de llevar una vida ordenada. Por eso el Reglamento del Seminario deberá asumirse no como una obligación que “hay que cumplir para que no me corran” sino como el comienzo de una vida ascética, que podrá llevarte en el futuro a ser un hombre ordenado y cumplidor de sus obligaciones seas presbítero o no. Así desde el comienzo deberás estar persuadido de que lo que se manda o prescribe es para lograr un objetivo superior que, a veces, al principio no se alcanza a valorar.
El que tiene claro que Dios le llama a ser “sacerdote ministerial”, debe saber que principia para él una vida de formación permanente que no terminará hasta su muerte.
Es muy importante saber claramente en qué consisten las virtudes sacerdotales, sobre todo la “sobriedad de vida” y el “santo celibato”, que siendo un don de Dios debes pedirlo con humildad. Para esto te deberás preparar desde que pones tus pies en la puerta del Seminario.

¿YO COMO SEMINARISTA EN QUÉ ME DEBO PREPARAR?

Tu tarea desde hoy es prepararte en cuatro dimensiones que son indispensables para lograr la integridad de la formación: la dimensión humana y la espiritual, la académica y la pastoral.
Este debe ser el orden lógico de tus prioridades y, si no lo guardas, difícilmente lograrás el objetivo: “Ser un santo sacerdote”. Por eso en la vida del seminarista se ha de realizar la respuesta a estas cuatro dimensiones de las que te diré unas palabras.



PRIMERA: La dimensión humana


¿ESTOY DISPUESTO A TRABAJAR PARA SER UN HOMBRE ÍNTEGRO?

El seminarista deberá tener como meta humana de su preparación el lograr una personalidad bien definida, que comienza desde el conocimiento de su identidad varonil. Este es un requisito indispensable para aspirar al sacerdocio y para saber situarte en medio de un mundo que hoy aparece fácil y escurridizo.
Para lograr lo anterior se presentan los siguientes retos: comprender lo que es la libertad y la responsabilidad, valorar la madurez humano-afectiva, cuidar la salud física y mental, fomentar el espíritu de servicio y el trabajo en equipo.
Todo esto es fundamental para el trabajo en las otras dimensiones de tu formación. Sobre todo es importante estar dispuesto a dejarte conducir por el Espíritu Santo que se vale de sus mediaciones de servicio en el Seminario.



SEGUNDA: la dimensión espiritual


¿ESTOY DISPUESTO A LOGRAR SER UN HOMBRE DE DIOS?

Esta pregunta es fundamental en un candidato al Presbiterado y la respuesta a ella puede ser “si”, “no”, o “ni se me había ocurrido”.
Si la respuesta es “no”, no sigas en este camino. Si es “si”, debes aprender a ser en verdad un “hombre de Dios” e ir progresando en ello más que en las materias que estudiarás. Si “no se te había ocurrido”, examínate seriamente y llegarás a un “si” o a un “no”. Si llegas a un “no”, no sigas, pues este no es tu camino. Si llegas a un “si”, desde el principio deberás esforzarte todos los días por irte formando como un hombre de Dios, es decir SANTO.
Para eso hay mucha literatura y una persona dispuesta expresamente para orientarte: “El Director Espiritual”.
Desde el principio deberás hacer el propósito de tener tu Director Espiritual que seguramente te irá ayudando a formarte como hombre coherente. Deberás tenerle gran confianza y abrirle tu corazón, manifestándole con gran sinceridad tus buenos deseos y los obstáculos que se te presenten. Si no eres sincero con tu Director Espiritual seguramente estarás poniendo una traba a tu formación como “hombre de Dios”.
De acuerdo con tu Director Espiritual deberás ir teniendo unos “rituales de vida” (normas que te establezcas libre y seriamente), que te ayudarán a sostenerte sereno y tranquilo tanto en los momentos alegres como en los de oscuridad. Los rituales serán de: tu vida física, tu vida psíquica, tu vida moral y sobre todo, tu vida espiritual. Tenlos y se fiel a ellos.
Deberás ir aprendiendo a rezar en equipo ¿tienes alguna experiencia seria de esto? ¿Con que resultados? ¿Has sido constante? ¿Eso te ha ayudado a ser piadoso en serio?
Si no sabes rezar en equipo, quizá se te dificultará trabajar en equipo, y si así llegas al sacerdocio fácilmente serás un hombre solo y triste.
Ten claro que si no eres un hombre piadoso, es decir, si no estás enamorado del Señor Jesús, pero en verdad enamorado, no podrás ser una persona santa, y por lo tanto no serás un buen sacerdote. Ten siempre como norma de tu vida NO FALLARLE NUNCA AL SEÑOR JESÚS a quien debes amar de todo corazón.
Para medirte cómo quieres a Jesús, puedes pensar en aquel verso de Pemán:
“Porque querer es esto: querer es decidirse, es tomar una de las cosas bellas, es llenarse de la luna y renunciar a todas las estrellas”
Ten claro que lo principal en el Seminario es formarte para ser un hombre que siempre tenga como meta SER SANTO. Esa debe ser tu primera y principal tarea como seminarista.



TERCERA: La dimensión académica.


¿QUIERO ENTREGARME AL ESTUDIO PARA REALIZARME EN EL MINISTERIO SACERDOTAL?

Aunque la respuesta parece fácil, sería bueno desde el principio saber qué clase de sacerdote deseas ser y qué es lo que quiere la Iglesia para quien descubre que Dios lo llama.
Para esto has de tener clara la enseñanza de la parábola de los talentos (Cfr. Mt. 25, 14 – 30 Lc. 19, 11 – 27). A todos el Señor ha dado una serie de aptitudes y capacidades. Hay que saber fomentarlas y aprovecharlas desde que se ingresa al Seminario.
No dejes pasar ni un día sin aprender algo nuevo. Recuerda que “memoria minuitur nisi excolatur” (la memoria se disminuye si no se cultiva). Si te cultivas tu vida será la de un hombre feliz, y tú serás alguien que está al día en las ciencias sacerdotales, contento con lo que eres y lo que haces.
Deberás hacer tu plan de estudios, en ello podrá auxiliarte el Asesor de Estudios, proponiéndote objetivos y metas claras, que pueden ser evaluadas por ti con él.
Sobre todo trata de hacer vida lo que vas aprendiendo y aprende a compartir con tus compañeros. Así te prepararás para compartir con las personas a las que tendrás que entregarte en el futuro ministerio.
Aprovecha los tiempos de estudio, hazlo por convicción, no pierdas tu tiempo y no lo hagas perder a los demás. Debes aprender un método de estudio y seguirlo fielmente para tener resultados.
Si no te haces el hábito de ser estudioso serás en el futuro un sacerdote ignorante. Sé consciente desde ahora de que debes utilizar bien el tiempo.
Aprende a investigar y ama el hacerlo, no te contentes con solo saber lo que se te explica en las clases, aprovecha el uso de la Biblioteca y sírvete correctamente de los medios electrónicos. Así pondrás la base para ser un sacerdote instruido y no uno que se quedó atrás y no está al día en los conocimientos que se requieren.



CUARTA: La dimensión pastoral.


¿QUÉ ACCIONES DEBO REALIZAR?

Al llegar al Seminario uno desea hacer algún apostolado y se “tira al ruedo” casi sin ninguna preparación. En esto sé paciente.
Después de tener claros tus objetivos de la formación humana, de la vida espiritual y de la dimensión académica, hay que tratar de vivir y aprender a comunicar lo que vas logrando hacer tuyo y que ya lo has asimilado.
Lo primero que tienes que hacer siempre es tratar de dar buen ejemplo, para lo cual debes saber aún cómo presentarte: ser una persona decente, aseada, cortés en tus expresiones y tu trato.
Durante tu vida de Seminario te irás dando cuenta si vas progresando en tus actitudes.
No debes olvidar el tratar a tus familiares con respeto y gratitud. No te avergonzarás de ellos aunque sean gente sencilla, pues “Una gente buena y sencilla vale más que todo el oro del mundo”.
El Seminarista debe ser alguien que desea aprender, esto te capacitará para ayudar a los demás a ser santos y como “nemo dat quod non habet” (nadie da lo que no tiene), desde el comienzo de tu vida en el Seminario deberás aprender a “ser santo” y a “no fallarle al Señor”. Éstas son dos actitudes fundamentales en el seminarista, y con esa mirada deberás hacer todos los estudios y demás actividades que te formarán como “Hombre de Dios”.
Ya que en el futuro deberás ser una persona que se sabe comportar bien, has de aprender a ser cuidadoso, puntual y cumplido en tus obligaciones, y sobre todo, has de asumir tus tareas con espíritu sobrenatural.



CONCLUSIÓN


Si en el Seminario logras portarte como una persona que vaya respondiendo las preguntas anteriores, habrás puesto la base para ser un Santo Sacerdote de lo que no te arrepentirás en el futuro, y tendrás un ministerio que te llevará a aprovechar tu vida que es única e irrepetible y de la que, tarde o temprano, deberás dar cuenta a Dios.
Nota final: Recuerda que un apoyo grande para tu vida seminarística lo tendrás siempre en tus formadores y maestros que han sido puestos por Dios, valiéndose de sus mediaciones, para ayudarte a poner las bases a fin de que llegues a ser un hombre santo. Acude a ellos con confianza, ya que tienen la obligación de ayudarte amándote en Cristo y como Cristo te ama. También tu familia y tus compañeros son agentes de tu formación y, de modo especial, el Espíritu Santo que es quien impulsa y alienta a todos en la Iglesia.
Termino: A un campesino del pueblo de Ars, en Francia, le preguntaron lo que pensaba de su párroco (el santo Cura Juan María Vianney) y respondió con sencillez: “He visto a Dios en un hombre”. Eso es lo que quieren ver los fieles en el sacerdote. ¿Estás dispuesto a eso?
¡Ánimo!
Tu amigo: Arturo A. Szymanski R.
“Los fieles esperan de los sacerdotes solamente una cosa: que sean especialistas en promover el encuentro del hombre con Dios. Al sacerdote no se le pide que sea experto en economía, en ingeniería o en política, de él se espera que sea experto en la vida espiritual. Ante las tentaciones del relativismo o del permisivismo, no es necesario que el sacerdote conozca todas las corrientes actuales del pensamiento, que van cambiando; lo que los fieles esperan de él es que sea testigo de la sabiduría eterna, contenida en la palabra revelada”.
(Benedicto XVI, mayo 2006).
Es verdad, la misión fundamental del sacerdote consiste en llevar a los hombres a Dios. Él nos sigue mirando con amor y debemos confiar en esta mirada.
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No me avergüenzo de Dios


Carlos Dívar: "No me avergüenzo de Aquél al que amo sobre todas las cosas"


Va a ser el nuevo presidente del Consejo General del Poder Judicial. Su nombre, que ha sonado mucho en los telediarios y los informativos (“El presidente de la Audiencia Nacional, Carlos Dívar...”), también lo hace entre sus hermanos de la Adoración Nocturna, realidad eclesial dentro de la cual es “adorador veterano constante”. Tantas horas de oración se le notan en lo pausado de sus modales y en lo meditadísimo de sus respuestas a la entrevista que le realizó la Revista Alba hace un tiempo. El nuevo presidente del gobierno de los jueces españoles no es partidario de dejar sus creencias en casa: "El amor de Dios, que es el que ha dirigido toda mi vida, nunca puede quedarse en casa", afirma.
-Ustedes, los adoradores nocturnos, rezan cuando todos duermen.
-Es que, como dice el apóstol san Pablo, hay que orar sin descanso. Por otra parte, Pío XII definía la oración como“ la respiración del alma”, y todos sabemos que ni dormidos podemos dejar de respirar.
-¿Se reza mejor de noche?
-El silencio es más profundo, nadie te interrumpe, te concentras más. Esto hace que Dios te hable más de cerca al corazón. No hay que olvidar que Jesús gustaba de orar por la noche.
-¿Y más? ¿Se reza más?
-Aunque nunca se ora lo suficiente, hay que hacer horas extras: por los que no rezan, por los que no creen, por los que no le conocen...
-¿Qué les diría a éstos?
-Que llorarían de alegría si supieran cómo nos ama Jesús. Muchos de los que no aman a Dios es porque no le conocen.
-Tantos años en la Adoración Nocturna... ¿qué le han enseñado?
-Que lo verdaderamente importante en la vida es Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Es decir, Jesús en cuerpo, sangre, alma y divinidad. Lo más importante.
-También es congregante mariano.
-Desde pequeño.Me eduqué en Bilbao y allí aprendí a dirigirme a Nuestra Señora bajo la advocación de la Virgen de Begoña.
-Ser congregante mariano y adorador nocturno...
-Aquí quedan reflejados los dos grandes amores de mi vida: la Santísima Virgen y la Eucaristía.
-¿Qué papel tuvieron ahí sus padres?
-Les debo mucho en cuestión de fe: crecí viéndolos hacer oración, rezar el rosario, ir a misa... El hogar como iglesia doméstica (así la definió el Concilio) es clave en la vida del cristiano.
-¿También lo es la oración?
-“Todo apostolado que no esté basado en la oración está destinado al fracaso”. Eso dijo Juan Pablo II en su primera visita a España.
-Antes citaba a Pío XII para definir la oración.¿Cómo la definiría usted?
-Como la conversación con Dios, con Jesús. El trato íntimo con Dios.
-Dice Requero que la imagen que tiene de Dios no es la de un presidente del Supremo elegido por consenso entre PP y PSOE, sino la de un padre.
-Toda la revelación de Jesucristo consiste en decirnos que Dios es padre para expresar así todo el amor que nos tiene.
-Entonces, ¿se lo imagina como a un padre?
-No es que me lo imagine, es que dentro de mi corazón lo siento como un padre que me ayuda, me aconseja y, sobre todo, perdona mismuchas faltas. Él es el que tiene la iniciativa de amor, no nosotros.
-¿Y el Juicio Final? ¿Cómo se imagina el Juicio Final?
-El Evangelio ya nos dice cómo tenemos que hacerlo: “Allá vendrá Jesús para juzgar a vivos ymuertos y dirá: ‘Venid, benditos de mi Padre. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber...’”. Será un juicio de caridad.
-¿Eso le reconforta?
-Claro, porque no nos preguntarán por artículos o dogmas, sino si hemos pasado por el mundo haciendo el bien. Como dijo san Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida seremos juzgados por el Amor”.
-No le veo nada partidario de dejar sus creencias en casa antes de ir al despacho.
-El amor de Dios, que es el que ha dirigido toda mi vida, nunca puede quedarse en casa.
-¿Y si se viera obligado a elegir?
-Yo tengo que actuar conforme a mi conciencia. No puedo dejar de creer por tener un cargo público. Mi vida es una unidad. Antes de abandonar a Dios, abandonaría mi trabajo, sin hacer ningún ruido.
-Hay hombres públicos a los que les da pudor hablar de Dios. A, usted, en cambio...
-Dios está tanto en mi vida pública como en la privada y yo no puedo renunciar a Él ni en una ni en otra. Jesús dijo: “Quien se avergüence de mí yo me avergonzaré de él delante de mi Padre”.
-Y usted, claro, no quiere que eso le pase.
-No, no quiero. Además, ¿cómo voy a avergonzarme de Aquel al que amo sobre todas las cosas?

Hace 20 años ...

 Hace 20 años... el 17 de mayo de 1992 se celebró la solemne Beatificación de D. Josemaría Escrivá de Balaguer en Roma con el Beato Juan Pablo II y el Siervo de Dios D. Alvaro del Portillo.Diez años después, el 6/10/2002, fue su Canonización.

 

Homilía en la Beatificación de Josemaría Escrivá

Texto de la homilía del Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro durante la Beatificación de Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei.

Opus Dei -
1. "Es necesario pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios" (Hech 14, 22).

A los dos discípulos que iban por el camino a Emaús, Jesús les dice: «¿No era preciso que el Mesías padeciese esto y entrase en su gloria?» (Lc 24, 26).

En la primera Lectura hemos visto a los apóstoles Pablo y Bernabé «confirmando las almas de los discípulos, exhortándoles a permanecer en la fe» (cfr Hech 14, 22). Ellos anuncian la misma verdad de que había hablado Cristo en el camino a Emaús; una verdad que su vida y su muerte habían confirmado: «Es necesario pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.» Por muchas generaciones a lo largo de los siglos, los discípulos de Cristo, crucificado y resucitado, abrazan el mismo camino que el Señor les había indicado. «Os he dado ejemplo» (Jn 13, 15).

2. Hoy se nos ofrece la ocasión de fijar una vez más nuestra mirada en esta vía de salvación: el camino hacia la santidad, y reflexionar sobre las figuras de dos personas que, de ahora en adelante, llamaremos Beatas: Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, Fundador del Opus DeI, y Josefina Bakhita, Hija de la Caridad, Canosiana.

La Iglesia desea servir y profesar la verdad completa sobre Cristo, ella quiere ser dispensadora del misterio completo de su Redentor. Si la vía hacia el reino de Dios pasa por muchas tribulaciones, entonces, al final del camino se encontrará también la participación en la gloria: la gloria que Cristo nos ha revelado en su Resurrección.

La medida de dicha gloria nos viene dada por la nueva Jerusalén, anunciada por las palabras inspiradas del Apocalipsis de San Juan: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos» (Apoc 21, 3).

«Ahora hago el universo nuevo» (Apoc 21, 5), dice el Señor glorioso. El camino hacia la «novedad» definitiva de todo lo creado pasa obligatoriamente aquí en la tierra por el mandamiento nuevo: «Que os améis unos a otros como yo os he amado» (Jn 13, 34).

Este mandamiento nuevo ocupó el centro de la vida de dos hijos ejemplares de la Iglesia, que hoy, en la alegría pascual, son proclamados Beatos.

3. Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en el seno de una familia profundamente cristiana, ya en la adolescencia percibió la llamada de Dios a una vida de mayor entrega. Pocos años después de ser ordenado sacerdote dio inicio a la misión fundacional a la que dedicaría 47 años de amorosa e infatigable solicitud en favor de los sacerdotes y laicos de lo que hoy es la Prelatura del Opus Dei.

La vida espiritual y apostólica del nuevo Beato estuvo fundamentada en saberse, por la fe, hijo de Dios en Cristo. De esta fe se alimentaba su amor al Señor, su ímpetu evangelizador, su alegría constante, incluso en las grandes pruebas y dificultades que hubo de superar. «Tener la cruz es encontrar la felicidad, la alegría nos dice en una de sus Meditaciones tener la cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo y, por eso, ser hijo de Dios.»

Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación (cfr. Dominum et vivificantem, 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo Beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. «Todas las cosas de la tierra enseñaba , también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios» (Carta del 19 de marzo de 1954).

«Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi Rey.» Esta aclamación que hemos hecho en el salmo responsorial es como el compendio de la vida espiritual del Beato Josemaría. Su gran amor a Cristo, por quien se siente fascinado, le lleva a consagrarse para siempre a Él y a participar en el misterio de su Pasión y Resurrección. Al mismo tiempo, su amor filial a la Virgen María le inclina a imitar sus virtudes. «Bendeciré tu nombre por siempre jamás»: he aquí el himno que brotaba espontáneamente de su alma y que le impulsaba a ofrecer a Dios todo lo suyo y cuanto le rodeaba. En efecto, su vida se reviste de humanismo cristiano con el sello inconfundible de la bondad, la mansedumbre de corazón, el sufrimiento escondido con el que Dios purifica y santifica a sus elegidos.

4. La actualidad y transcendencia de su mensaje espiritual, profundamente enraizado en el Evangelio, son evidentes, como lo muestra también la fecundidad con la que Dios ha bendecido la vida y obra de Josemaría Escrivá. Su tierra natal, España, se honra con este hijo suyo, sacerdote ejemplar, que supo abrir nuevos horizontes apostólicos a la acción misionera y evangelizadora. Que esta gozosa celebración sea ocasión propicia que aliente a todos los miembros de la Prelatura del Opus Dei a una mayor entrega, en su respuesta a la llamada a la santificación y a una más generosa participación en la vida eclesial, siendo siempre testigos de los genuinos valores evangélicos, lo cual se traduzca en un ilusionado dinamismo apostólico, con particular atención hacia los más pobres y necesitados.

5. En la Beata Josefina Bakhita encontramos también un testimonio eminente del amor paternal de Dios y un signo esplendoroso de la perenne actualidad de las bienaventuranzas. Nacida en el Sudán, en 1869, raptada por negreros cuando aún era niña y vendida varias veces en los mercados africanos, conoció las atrocidades de una esclavitud que dejó en su cuerpo señales profundas de la crueldad humana. A pesar de estas experiencias de dolor, su inocencia permaneció íntegra, llena de esperanza. «Siendo esclava nunca me he desesperado decía , porque en mi interior sentía una fuerza misteriosa que me sostenía.» El nombre Bakhita como la habían llamado sus secuestradores significa Afortunada, y así fue efectivamente, gracias al Dios de todo consuelo, que la llevaba siempre como de la mano y caminaba junto a ella.

Llegada a Venecia por los caminos misteriosos de la divina Providencia, Bakhita se abrió muy pronto a la gracia. El Bautismo y, después de algunos años, la profesión religiosa entre las hermanas Canosianas, que la habían acogido e instruido, fueron la consecuencia lógica del descubrimiento del tesoro evangélico, para lo cual sacrificó todo, incluso el regreso ya siendo libre, a su tierra natal. Como Magdalena de Canosa, ella también quería vivir sólo para Dios, y con constancia heroica emprendió humilde y confiadamente el camino de la fidelidad al amor más grande. Su fe era firme, transparente, fervorosa. «Sabéis qué gran alegría da conocer a Dios», solía repetir.

6. La nueva Beata transcurrió 51 años de vida religiosa Canosiana dejándose guiar por la obediencia en un compromiso cotidiano, humilde y escondido, pero rico de genuina caridad y de oración. Los habitantes de Schio, donde residió casi todo el tiempo, muy pronto descubrieron en su «madre morenita» así la llamaban una humanidad rica en el dar, una fuerza interior no común que arrastraba. Su vida se consumó en una incesante oración con intención misionera, en una fidelidad humilde y heroica por su caridad, que le consintió vivir la libertad de los hijos de Dios y promoverla a su alrededor.

En nuestro tiempo, en que el recurso desenfrenado al poder, al dinero y al placer causa tanta desconfianza, violencia y soledad, el Señor nos presenta a sor Bakhita como hermana universal, para que nos revele el secreto de la felicidad más auténtica: las bienaventuranzas.

El suyo es un mensaje de bondad heroica a imagen de la bondad del Padre celestial. Ella nos ha dejado un testimonio de reconciliación y de perdón evangélico, que llevará ciertamente consuelo a los cristianos de su patria, Sudán, tan duramente probados por un conflicto que dura desde hace muchos años y que ha provocado tantas víctimas. Su fidelidad y su esperanza son motivo de orgullo y de acción de gracias para toda la Iglesia. En este momento de grandes tribulaciones, sor Bakhita les precede por el camino de la imitación de Cristo, de la intensificación de la vida cristiana y de la adhesión inquebrantable a la Iglesia. Al mismo tiempo, deseo una vez más dirigir una cálida exhortación a los responsables de la situación del Sudán, a fin de que lleven a término los ideales afirmados de paz y concordia; a fin de que el respeto de los derechos fundamentales del hombre y en primer lugar el derecho a la libertad religiosa sea garantizado para todos, sin discriminaciones étnicas o religiosas.

Preocupa enormemente la situación de cientos de miles de prófugos de las regiones meridionales, forzados por la guerra a abandonar casa y trabajo; recientemente han sido obligados a dejar también los campos, donde habían encontrado una cierta forma de asistencia, y han sido deportados a lugares desérticos e incluso se ha impedido el paso libre a los convoyes de ayudas de los organismos internacionales. Su situación es trágica y no puede dejarnos insensibles.

Exhorto vivamente a los organismos internacionales de asistencia que sigan enviando su ayuda benévola, necesaria y urgente.

Al saludar a la delegación de la iglesia del Sudán, presente en esta celebración, dirijo mi afectuoso recuerdo, junto con mi plegaria, a toda la Iglesia de aquel país: a los Obispos, al clero diocesano y misionero, a los laicos comprometidos en la pastoral, y también a los catequistas, colaboradores generosos y necesarios para la propagación de la verdad, de la palabra y del amor de Dios. Las poblaciones del Sudán siempre están presentes en mi corazón y en mis plegarias: las encomiendo a la intercesión de la nueva Beata Josefina Bakhita.

7. «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os améis unos a otros» (Jn 13, 34-35). Con estas palabras de Jesús concluye el Evangelio de la Misa de hoy. En esta frase evangélica encontramos la síntesis de toda santidad; la santidad que han alcanzado, por caminos diversos pero convergentes en la misma y única meta, Josemaría Escrivá de Balaguer y Josefina Bakhita. Ellos han amado a Dios con toda la fuerza de su corazón y han dado prueba de una caridad que ha llegado hasta el heroísmo mediante las obras de servicio a los hombres, sus hermanos. Por eso la Iglesia los eleva hoy al honor de los altares y los presenta como ejemplos en la imitación de Cristo, que nos ha amado y se ha dado a Sí mismo por cada uno de nosotros (cfr Gal. 2, 20).

8. «Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él» (Jn 13, 31): el misterio pascual de la gloria.

Por medio del Hijo del hombre esta gloria se extiende a todo lo visible y lo invisible: «Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado» (Ps 144, 10-11).

Dice el Hijo del hombre: «¿No era necesario que... soportase estos sufrimientos para entrar en su gloria?» Estos son los que de generación en generación han seguido a Cristo: «A través de muchas tribulaciones, ellos han entrado en el reino de Dios.»

«Tu reinado es un reinado perpetuo» (Ps 144, 13). Amén.

Libros VS

"Carta a las familias, jovenes y niños "de Juan Pablo II (1994) Ed. Planeta -200Pág.-

Cartas siempre actuales para la Nueva Evangelización del Siglo XXI por los Apóstoles del III Milenio.

"La Alegría de darse a los demás" de la Madre Teresa de Calcuta (1995) Ed. Planeta -222 Pág.-

Para conocer más de cerca a las Misioneras de la Caridad, las misioneras del Amor de Dios, contado directamente por la Madre Teresa; La selección y traducción es de José Luis González-Balado.

"Madre Teresa de Calcuta:Más allá de la imagen" de Anne Sebba (2004) Ed. ABC. -300 Pág.-

Este libro pretende ofrecer un retrato objetivo y riguroso de la Madre Teresa de Calcuta, valorando, más allá de la ayuda real que pudo proporcionar a pobres y enfermos, su actitud frente al voluntariado y su coraje, entrega y habilidad para llegar a la conciencia de millones de personas. Fascinada por su personalidad, la autora pretende impulsar una reflexión más profunda sobre la imagen y el papel espiritual de la Madre Teresa, sin dejar de señalar algunos posibles aspectos conflictivos que, sin embargo, no restan en nada la enormidad e importancia de su figura y obra.

Un cura de 24h.


El sacerdote es un Don de Dios para el mundo, para hablar de Dios y con Dios, es el Amor del Corazón de Cristo, no es una profesión es algo más un Ministerio sagrado, sacramental, con Carácter intituido por Cristo. El Sacerdote tiene que estar dispuesto a servir al pueblo según el Evangelio, la Buena Nueva, dispuesto a sacrificarse por Él en todos los aconteceres de la vida, siendo Sacerdote, discípulo de Cristo las 24 h. cada día, para siempre. No es fácil ser cura, pero merece la pena pues es estar con Cristo y darlo a los demás entregándose uno mismo. Elo sacerdote tiene que dejar traspasar la Luz de Cristo en sus acciones, tiene que ser Amigo de todos y Amigo de Dios. Tiene que Remar mar adentro, donde la Pesca es abundante para llevar a Dios a todos los rincones de la Tierra.

Ayudar al hermano



Cuando nos atrevemos a decir las verdades a la cara, pueden ofender o caen mal, no gustan a la persona afectada amiga, hermana o familiar. Pero no podemos dejarlo pasar sin más, hay que enseñar, corregir, darle la mano para ser auténticos y buenos cristianos, amigos de Jesús. Contaba Charles Peguy, que Cristiano es el que da la mano, es decir el que ayuda, corrige al hermano.Tenemos que ayudar, corregir a los demás pero también al revés, nos tenemos que dejar corregir por los hermanos pues somos humanos y nos equivocamos mil veces.


Que esta JMJ nos ayude a vivir más cerca de Dios en nuestro caminar hacia él, que no sabemos cuando será pero está al caer, tenemos que vivir pensando en nuestra casita del Cielo.

La corrección fraterna: "aupar a los demás", ayudarles a subir más alto en su vida cristiana

http://www.conelpapa.com/cursojovenes/servicio/correccion.htm

http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura784.htm

http://es.catholic.net/aprendeaorar/103/478/articulo.php?id=7064



3,2,1, ¡ MADRID!



Enhorabuena a todo el equipo que ha realizado estos videos para dar testimonio de nuestra Fé, en éste mundo donde quiere reinar el mal.