CAÍDAS



¿POR QUE CAEMOS? SEÑOR, TU LO SABES. UNAS VECES POR ACCIDENTE, OTRAS POR POCA ATENCION, OTRAS POR ESTRES, .... CUANDO CAEMOS, ¿QUIEN NOS AUXILIA? SÓLO, TU SEÑOR. PUES NOS PUEDEN ECHAR UNA MANO, UNAS PALABRAS DE COMPASION , PERO A LA HORA DE LA VERDAD, SOLO EL SEÑOR NOS SALVA, AYUDÁNDONOS A PONERNOS EN PIE, LAVARNOS Y ACOGERNOS EN SU CORAZON. ¡GRACIAS, JESUS, POR SER NUESTRO AMIGO MISERICORDIOSO!. ¡SÍ QUE VALE LA PENA TRABAJAR CONTIGO!

PAZ Y BIEN


PAZ Y BIEN,

Se acaba de celebrar un encuentro DE FRANCISCANOS / AS CON SU GENERAL FR. JOSE RODRIGUEZ CARBALLO,OFM DONDE TODOS HAN SALIDO MUY ALEGRES EN EL SEÑOR PARA SEGUIR LOS CAMINOS DEL EVANGELIO Y PROPAGARLO POR TODO EL MUNDO CON S. FRANCISCO Y STA. CLARA Y TODOS LOS SANTOS FRANCISCANOS.


(A CONTINUACION TEXTO EN LATIN, DE UN DOCUMENTO INEDITO DE STA. CLARA)
BENEDICTIO SANCTAE CLARAE [BenCla]
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1In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.
2Benedicat vobis Dominus et custodiat vos. 3Ostendat faciem suam vobis et misereatur vestri. 4Convertat vultum suum ad vos et det vobis pacem (cfr. Num 6,24-26), sororibus et filiabus meis, 5et omnibus aliis venturis et permansuris in vestro collegio et ceteris aliis tam praesentibus quam futuris, quae finaliter perseveraverint in omnibus aliis monasteriis pauperum dominarum.
6Ego Clara, ancilla Christi, plantula beatissimi patris nostri sancti Francisci, soror et mater vestra et aliarum sororum pauperum, licet indigna, 7rogo Dominum nostrum Jesum Christum, per misericordiam suam et intercessionem sanctissimae suae Genitricis sanctae Mariae, et beati Michaelis archangeli et omnium sanctorum angelorum Dei, beati Francisci patris nostri et omnium sanctorum et sanctarum, 8ut ipse Pater caelestis det vobis et confirmet istam sanctissimam suam benedictionem in caelo et in terra (cfr. Gen 27,28): 9in terra, multiplicando vos in gratia et in virtutibus suis inter servos et ancillas suas in Ecclesia sua militanti; 10et in caelo, exaltando vos et glorificando in Ecclesia triumphanti inter sanctos et sanctas suas.
11Benedico vos in vita mea et post mortem meam, sicut possum et plus quam possum, de omnibus benedictionibus, 12quibus Pater misericordiarum (cfr. 2 Cor 1,3) filiis et filiabus benedixit et benedicet in caelo (cfr. Eph 1,3) et in terra, 13et pater et mater spiritualis filiis suis et filiabus spiritualibus et benedixit et benedicet. Amen.
14Estote semper amatrices Dei et animarum vestrarum et omnium sororum vestrarum, 15et sitis semper sollicitae observare quae Domino promisistis.
16Dominus vobiscum sit semper (cfr. 2 Cor 13,11), et utinam vos sitis semper cum Ipso (cfr. Joa 12,26; 1 Thess 4,17). Amen.
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In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.
Benedicat vobis Dominus et custodiat vos. Ostendat faciem suam vobis et misereatur vestri. Convertat vultum suum ad vos et det vobis pacem, sororibus et filiabus meis, et omnibus aliis venturis et permansuris in vestro collegio et ceteris aliis tam praesentibus quam futuris, quae finaliter perseveraverint in omnibus aliis monasteriis pauperum dominarum.
Ego Clara, ancilla Christi, plantula beatissimi patris nostri sancti Francisci, soror et mater vestra et aliarum sororum pauperum, licet indigna, rogo Dominum nostrum Jesum Christum, per misericordiam suam et intercessionem sanctissimae suae Genitricis sanctae Mariae, et beati Michaelis archangeli et omnium sanctorum angelorum Dei, beati Francisci patris nostri et omnium sanctorum et sanctarum, ut ipse Pater caelestis det vobis et confirmet istam sanctissimam suam benedictionem in caelo et in terra: in terra, multiplicando vos in gratia et in virtutibus suis inter servos et ancillas suas in Ecclesia sua militanti; et in caelo, exaltando vos et glorificando in Ecclesia triumphanti inter sanctos et sanctas suas.
Benedico vos in vita mea et post mortem meam, sicut possum et plus quam possum, de omnibus benedictionibus, quibus Pater misericordiarum filiis et filiabus benedixit et benedicet in caelo et in terra, et pater et mater spiritualis filiis suis et filiabus spiritualibus et benedixit et benedicet. Amen.
Estote semper amatrices Dei et animarum vestrarum et omnium sororum vestrarum, et sitis semper sollicitae observare quae Domino promisistis.
Dominus vobiscum sit semper, et utinam vos sitis semper cum Ipso. Amen.

¡ALLI ESTAREMOS!

¡PREPARADOS!, PUES YA FALTA MENOS PARA LA CITA EN SYDNEY

Y EN 2010, LA XXV JMJ ¡MADRID! ¿TE APUNTAS?

¿QUE LEER?




¿QUE LEER?


La casa del hombre se sostiene en cuatro columnas: realismo ascético de la acción, penetración perforadora del pensamiento, recogimiento actualizador de la memoria y anticipación proyectiva de la esperanza. Pero cada uno de nosotros sólo puede construir una pared de esa morada vital, encender unos fuegos, plantar unas semillas. La mayor parte de lo que necesitamos lo recibimos de los demás por la palabra viva; y, cuando ésta ya no es posible, por la lectura. ¿Qué sería de nosotros si no nos hubiera quedado escrita la palabra de los grandes filósofos y científicos, santos y poetas? Somos humanos extendiendo nuestra corta y pobre vida a la anchura y riqueza de quienes nos han precedido en la senda de la verdad y de la misericordia, del coraje y de la utopía. Sólo quien ha perdido la pasión absoluta de lo humano y se ha aposentado con el sopor del animal en los prados de la inmediatez pregunta por qué leer. ¿Cómo seríamos ya libres sin libros? ¿Cómo seríamos contemporáneos de Sócrates sin Platón, de Jesucristo sin los evangelios, de la «humanitas» romana sin Cicerón, de los ideales y temores de la Edad Media sin la Divina Comedia, del humanismo renaciente sin Shakespeare y del idealismo ensoñador sin Cervantes? Hay que leer para ver con los ojos de quienes han pensado antes que nosotros y así ensanchar las posibilidades propias. El hombre lee para responder a sus necesidades, discernir sus entresijos, encender su soledad, ensanchar sus límites y, sobre todo, para acoger lo que le puede sobrevenir en la palabra de los otros y como don del Otro. La lectura es el espacio de la libertad. Lecturas funcionales unas, que nos cualifican para el ejercicio de una profesión; lecturas gratuitas otras, que nos ayudan a ser más persona acogiendo el mundo como juego y tarea, viviéndolo como espectáculo, y transformándolo como el artista modela el barro con sus dedos y el escultor la madera con sus gubias. Hay lecturas gratuitamente necesarias para existir con dignidad y respirar con holgura. Hay libros vivos y vivificadores, que alumbran nuestros redaños, mientras que hay libros muertos y mortíferos, que por su vacuidad y vulgaridad, rencor o malevolencia, degradan al lector. Hay libros que son como personas vivas y hay personas que son como libros vivos. Cuando el «Índice» de libros prohibidos de 1558 dejó a Santa Teresa sumida en profunda tristeza, oyó del Señor esta palabra: «Yo seré para ti libro vivo». ¿Qué leer? Narrativa y poesía, épica y lírica, pensamiento y novela, ciencia y teología. Cada género requiere una actitud vital y una correspondencia afectiva. Pero sobre todo requiere aquella querencia que descubre lo implícito, percibe lo sugerido y adivina lo intentado. H. Hesse afirmaba que leer sin amor, saber sin respeto, formación sin corazón es uno de los peores pecados contra el espíritu. La lectura requiere cercanía generosa a la vez que distancia a lo leído. Leer requiere pensar y discernir, asentir y rechazar. Hay una pedagogía y una ética de la lectura. Es falso decir que lo importante es leer y no importa qué. Unamuno alanceaba contra quienes, para aprender griego en la escuela, decían que lo mejor era traducir la Anábasis de Jenofonte. ¿Qué me importan las parasangas que avanzaban cada día los ejércitos griegos o persas? ¿No será infinitamente más valioso traducir los Diálogos de Platón que exponen al vivo la justicia, la verdad, la belleza, las ideas y los días, la tiranía y la libertad? La vida es corta y no es posible leerlo todo; hay que seleccionar. Hoy el problema no es la carencia de libros sino la superabundancia. Hay que elegir y recibir críticamente, y para ello es necesario aprender a leer. ¿Cómo leer? Con ilusión, libertad y silencio para integrar lo leído en el universo propio de valores, dejándose inhabitar por las propuestas recibidas del autor y confrontándolas con las experiencias fundamentales de la vida humana, con las grandes figuras de la creatividad, santidad y servicio que la historia ha ido ofreciendo. Sobre todo preguntándose: ¿este libro me hace más libre, limpio y fuerte? Pero ¿qué funda y sostiene nuestra libertad? Tiene dos fuentes: el saber y el amor. Hay que poder ser libre. Esta potencia en parte la conquistamos por nosotros mismos (saber) y en parte nos tiene que ser regalada (amor). La bella lectura es una fuente con dos caños, del uno mana el saber y del otro el amor. Hay que leer, sobre todo, aquellos libros que han superado la prueba de humanidad: los clásicos. Estos han dignificado a los humanos tirando de ellos hacia arriba, hacia su mejor yo, y no correspondiendo vilmente a sus pasiones. La cesura cultural más grave que hemos conocido en los últimos decenios es la reducción del libro a producto de consumo, que se elabora por cálculo anticipado de lo que halaga y confirma al lector en sus necesidades inmediatas, otorgando legitimidad a sus gustos o pecados. Se suman todos esos elementos, se agitan conjuntamente, y se le entrega el libro como un bebedizo para anestesiar sus necesidades profundas y sumergirlo plácidamente en sus cotidianas infecciones. En cambio, la lectura de un libro bueno es una de las mayores fuentes de gozo personal, más allá del mero placer instintivo y de la placidez directa. Hoy es necesaria una lectura informativa y sobre todo formativa, para poder contrarrestar los asedios de aquellos poderes que utilizan la noticia y el dato como trampolín para lanzarnos a la compra de sus productos o arrancarnos la adhesión a sus programas. Sólo quien lee libros y piensa por sí mismo, con saberes fundados y pensamientos confrontados, puede hoy ser libre, perdurar con dignidad. Los mejores teóricos de la democracia han repetido que ésta sólo crece y perdura donde la sostienen una ética real y una real cultura. Por eso yo invito a invertir las proporciones actuales: sesenta por ciento formación y cuarenta por ciento información. La información ante todo por libros, luego por periódicos, después por radio, y finalmente, en medida mínima, por televisión. De esta forma exorcizamos el peligro de convertirnos en masa o en secta, y persistimos enhiestos como personas y ciudadanos libres. Si alguien me pidiese criterios para saber qué leer, yo le diría que elija: lo que ensancha la conciencia, en el sentido de saber intelectual, y la purifica en el sentido de responsabilidad moral (1); lo que alimenta el gozo de ser hombre y mujer, estar en el mundo y existir gratuitamente (2); lo que despliega ante nuestros ojos universos nuevos de realidad, los abismos de nuestro ser y las cumbres que podemos escalar (3); lo que nos relativiza con la crítica, ironía y sorna llevándonos a pensar en los demás, a contemplar el mundo tan diverso, tan vasto, tan hermoso, y a contar con Dios (4); lo que nos hace fraternales participantes en las diversas formas de grandeza y necesidad humana, discerniendo el poder, la ciencia, la cultura, la santidad, el heroísmo (5); lo que nos llega gratuitamente desde una voz amiga y sabia, sin ningún interés ideológico, político o económico (6); los libros que no están de moda pero que han superado cribas y cedazos porque en ellos ha latido el corazón humano con sus mejores vibraciones, desde la Odisea a la Biblia, desde Virgilio a Dante, desde San Juan de la Cruz a Góngora, desde Goethe a Hölderlin, desde Galdós a Unamuno, desde Dickinson a Edith Stein, desde Eliot y Hopkins a Muñoz Rojas y A. Colinas (7); lo que por la belleza de estilo y finura de espíritu nos arranca a la vulgaridad desenmascarando nuestras complicidades, malevolencias y olvidos culpables (8); lo que nos divierte en el mejor sentido del término y nos hace amar nuestro siglo, a la vez que nos abre a lo eterno y nos emplaza ante el Eterno (9); lo que nos recuerda que somos humanos, entre el animal y Dios (10). No voy a repetir el intento de H. Bloom ofreciendo un «canon» de lecturas. Me parece, sin embargo, criterio supremo afirmar con él que hay que leer lo que exalta la magnanimidad y excluye la desidia, nos abre a lo sublime y rechaza la mediocridad, venga ésta propuesta o impuesta por quien fuere: «Cuando uno ronda los 70 le apetece tan poco leer mal como vivir mal, porque el tiempo transcurre implacable. No sé si Dios o la naturaleza tienen el derecho a exigir nuestra muerte, aunque es ley de vida que llegue nuestra hora, pero estoy seguro de que nada ni nadie, cualquiera que sea la colectividad que pretenda representar o a la que intente promocionar, puede exigir de nosotros la mediocridad».


OLEGARIO GONZALEZ DE CARDEDAL

UNA X, UNA CRUZ




Una “x” en la quiniela de la vida



Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Ya hemos acabado algunas competiciones deportivas como la liga de fútbol, que siempre arroja alegrías y sinsabores en los aficionados. Terminan también las quinielas con las que cada domingo no pocas personas se asomaban al acertijo de la fortuna tratando de adivinar cómo quedarían los resultados de los partidos de fútbol. Y así, con los que ganaban el encuentro o los que perdían, se iba poniendo un signo en la casilla del “1” o el “2”. Pero había otra opción: el empate de quien ni gana ni pierde. Esta era la opción de la “x”.
No siempre la “x” es signo de empate. Hay al menos una casilla en la que poniendo ese signo se gana una buena causa. Me estoy refiriendo a lo que en mayo y junio estamos haciendo los contribuyentes con nuestra declaración de la renta, dentro de ese apartado en el que podemos elegir que un 0’7 % de cuanto se recauda con nuestros impuestos vaya destinado al sostenimiento de la Iglesia Católica o elegir también marcar la casilla a favor de “otros fines sociales”. No son dos casillas excluyentes, sino que se pueden marcar las dos o alguna de ellas. Se trata de un derecho de los ciudadanos contribuyentes por medio del cual le decimos al Estado que una parte de la recaudación obtenida por la Administración la queremos asignar a la Iglesia Católica y/o a otros fines sociales.
La labor que realiza la Iglesia en el campo religioso, cultural, educativo, benéfico, necesita de una ayuda por parte de la sociedad. No es una factura que pasamos ni un privilegio que reclamamos, sino una ayuda que solicitamos a quien libre y generosamente nos la quiera ofrecer. La sociedad encauza de varios modos la ayuda a instituciones que realizan una función importante que redunda en el bien de las personas: pensemos en organismos deportivos, educativos, culturales, sindicales y políticos. La Iglesia Católica desde su identidad religiosa sigue haciendo el bien en tantos campos con verdadera entrega y enorme gratuidad atendiendo a las necesidades religiosas de nuestro pueblo, así como acompañando la educación integral de las personas, el cuidado del vasto patrimonio artístico y cultural, y respondiendo a los retos sociales que reclaman una mano tendida de ayuda real a tantos rostros de pobreza, de soledad y de marginación como sigue generando la moderna sociedad.
Es pedir esa ayuda para poder ayudar. No se trata de pedir cosas indebidas sino un modo de asignar ese porcentaje de la recaudación del Estado, para poder llevar adelante la labor religiosa, social y cultural de la Iglesia Católica. Como han recordado los responsables de la Conferencia Episcopal en esta campaña que estamos realizando a favor de la “x” para la Iglesia, al destinar un 0,7% de sus impuestos a esta tarea no "le supone al contribuyente ni pagar más ni que le devuelvan menos". Es marcar esa “x” para que se pueda percibir esa ayuda que cubre aproximadamente sólo el 25% del presupuesto que tiene la Iglesia. El resto tendrá que obtenerse a través de nuestra colaboración directa con donativos y limosnas.
Animo a todos los católicos de nuestra diócesis a que marquen esa casilla con la “x” a favor de la Iglesia Católica y que la marquen también a favor de otros fines sociales. Animo también a cuantos no siendo católicos quieran ayudar a la Iglesia en esta tarea de beneficio a la entera sociedad. Ante tanto bien que debemos y queremos hacer, que no sea por falta de ayuda por lo que no lleguemos. Es así de sencillo participar en la quiniela de la vida, cuando poniendo una “x” apostamos para que gane el bien. Dios os lo pague.
Recibid mi afecto y mi bendición.
+ JESUS SANZ MONTES,OFM

SANTA TERESA DE CALCUTA


MADRE TERESA FUE EXORCIZADA
Esta mañana se ha presentado en Madrid "Ven, sé mi luz" (Planeta Testimonio), un esperado volumen que recoge las cartas escritas por Teresa de Calcuta a distintas personalidades durante 50 años, y en las que revelaba sus dudas de fe, su "profunda oscuridad de sentirse rechazada por Dios, aquél al que había jurado amar sobre todas las cosas", según afirmó el postulador de su causa y compilador de la obra, Brian Kolodiejchuk, quien calificó a la beata de Calcuta como "un icono de la caridad, que va más allá de la Iglesia. Como Francisco de Asís, tiene esa atracción que llega a todos".
http://www.motherteresa.org/espanol/layout.html


DESAGRAVIAR





PINCHA Y PODREIS VER EN VIVO LA TV DE SATÁN http://www.youtube.com/watch?v=aYMmf3GYFlE&feature=related



(LAS IMAGENES PUEDEN HERIR GRAVEMENTE LA SENSIBILIDAD DEL ALMA CRISTIANA). DE ESTAS COSAS, SE APRENDEN PARA NO VOLVER A CAER ANTE LOS ENEMIGOS DE DIOS, Y A PARTIR DE YA TENER MAS CONTROL Y REGISTRARLES POR SI LLEVAN CAMARA OCULTA Y CIA. A CONTINUACION REZAMOS PARA REPARAR LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESUS Y MARIA. EN HAZTE OIR SE RECOGEN FIRMAS POR ESTE ATENTADO CONTRA LA IGLESIA CATOLICA, ES DECIR, CONTRA ELLOS MISMOS PUES TAMBIEN SON HIJOS DE DIOS Y POR TANTO DE LA IGLESIA . EL BUEN PASTOR LES RE-CONDUCIRAN AL REBAÑO BUENO.







ACTO DE DESAGRAVIO DE PÍO XI




¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.
Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.
¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.
¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.



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ACTO PARA DESAGRAVIAR Y CONGRACIARSEAL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS




Oh Corazón clementísimo de Jesús, divino propiciatorio, por el cual prometió el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones: yo me uno con vos para ofrecer a vuestro Eterno Padre este mi pobre y mezquino corazón, contrito y humillado en su divino acatamiento, y deseoso de reparar cumplidamente sus ofensas, en especial las que vos recibís de continuo en la Eucaristía, y señaladamente las que yo, por mi desgracia, también he cometido. Quisiera, divino Corazón, lavar con lágrimas y borrar con sangre de mis venas las ingratitudes con que todos hemos pagado vuestro tierno amor. Junto mi dolor, aunque tan leve, con aquella angustia mortal que os hizo en el huerto sudar sangre a la sola memoria de nuestros pecados. Ofrecédselo, Señor, a vuestro Eterno Padre, unido con vuestro amabilísimo Corazón. Dadle infinitas gracias por los grandes beneficios que nos hace continuamente, y supla vuestro amor nuestra ingratitud y olvido. Concededme la gracia de presentarme siempre con gran veneración ante el acatamiento de vuestra divina Majestad, para resarcir de algún modo las irreverencias y ultrajes que en vuestra presencia me atreví a cometer, y que de hoy en adelante me ocupe con todo mi conato en atraer con palabras y ejemplos muchas almas que os conozcan y gocen las delicias de vuestro Corazón. Desde este momento me ofrezco y dedico del todo a dilatar la gloria de este sacratísimo y dulcísimo Corazón. Le elijo por el blanco de todos mis afectos y deseos, y desde ahora para siempre constituyo en él mi perpetua morada, reconociéndole, adorándole y amándole con todas mis ansias, como que es el Corazón de mi amabilísimo Jesús, de mi Rey y soberano dueño, Esposo de mi alma, Pastor y Maestro, verdadero Amigo, amoroso Padre, Guía segura, firmísimo Amparo y Bienaventuranza. Amén.